Carta Esperanza
Querida Esperanza,
Nos conocemos hace ya varias décadas.
Tu carrera diplomática te llevó a varios países incluyendo hallarte en nuestra Embajada de Cuba durante las conversaciones auspiciadas por el gobierno del presidente Santos que derivaron en el Acuerdo del 24 de noviembre del 2016 con las FARC.
Con tu esposo has formado una familia ejemplar cuyas dos hijas trabajan en proyectos de desarrollo en apartadas regiones del país. Cuidaste de tus familiares mayores con gran esmero y dedicación, incluso hallándote fuera del país en tus comisiones diplomáticas.
Compartimos una misma fe en la Iglesia Católica pero una visión diferente sobre el acontecer político del país. El motivo de esta nota es demostrar que dichas visiones diferentes no tienen por qué gestar una enemistad irreconciliable entre los dos. Es lo que tristemente está sucediendo incluso al interior de familias, entre amigos o simples conocidos. Y lamentablemente no contamos con verdaderos políticos y estadistas que contribuyan a limar las diferencias y hallar lugares comunes para un entendimiento entre nosotros los colombianos.
Todo nace de interpretaciones diferentes a los hechos derivados de ese acontecer político. Procuro en lo que sigue aclarar qué son hechos y cuál mi interpretación y lectura de esos.
Sabes bien que a mis tiernos 80 años no todo es especulación, sino experiencias vividas. Contaba con tres años cuando el 9 de abril del año 48 del siglo pasado entraron tres balas a mi alcoba del tercer piso de un edificio de apartamentos ubicado en la calle 18 con Avenida Caracas. Asomado recuerdo observar cadáveres siendo colocados en una volqueta.
Unos años después viajábamos con frecuencia a Ibagué pues mi padre gerenciaba una empresa allí. En una ocasión el autoferro se detuvo pues yacían en la vía los cadáveres de dos adolescentes víctimas del “corte de franela” eran los primeros años de la década de los años 50. Y ya adulto viví secuestros a familiares de mi esposa. Sólo para mencionarte que en el curso de mi vida sí he observado violencia, pero rechazo la hipótesis de que los colombianos somos “violentos por naturaleza”.
¿Cómo tomar partido en la contienda política sin juzgar indebidamente a las personas (juzgarlas ‘enemigas’) cuyas acciones y /o propuestas, en cambio, las consideramos erradas y muy inconvenientes para el país?
En primer lugar, Cristo inaugura para la humanidad el mandamiento de amar a Dios por sobre todo y al otro como me amo yo. Y lo cumplió plenamente; su primera palabra crucificado fue la de pedir a su Padre perdonara a sus verdugos pues no sabían lo que hacían (Lucas 23:34)
Luego no puedo relacionarme con lo político pensando en el que piensa diferente como mi enemigo, así yo sí lo sea para él por ser nosotros emprendedores. Y menos como una persona mala o buena. No. Entre otras razones porque todos somos moralmente vulnerables y la intención, maldad y bondad del otro, al igual que la nuestra, sólo la puede juzgar Dios.
En segundo lugar, como Jesús nos dice que nos “envía como ovejas en medio de lobos; sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como las palomas” (Mateo 10:16). Debo observar y estudiar juiciosamente las acciones de quienes se hallan en el poder, y decidir qué tanto tienen de “lobos” o no.
En el caso que nos concierne: la industria petrolera paralizada, el mejor sistema de salud del Continente colapsado, acciones agresivas contra todo emprendimiento –pequeño, mediano y grande–, invasión de propiedad privada, incremento de áreas de cultivo de coca –aunque con menores crecimientos a los que venían desde la firma del Acuerdo–, las fuerzas armadas desmoralizadas, las finanzas estatales desquiciadas en lo que al desbalance fiscal, presiones de liquidez, y la deuda pública se refieren, aunque no la más alta de otros países, sí la más costosa; y en lo que actúo, la educación, en todos los niveles deteriorada (el Icetex en crisis financiera y operativa y el Fecode ideologizando la educación elemental y media). Estos son hechos bien documentados. ¿Accionar de ‘lobos’?
La prudencia, una virtud conocida por los clásicos, en nuestro caso cristiano consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello (RAE).
Luego, si interpreto aquellos hechos a la luz de lo que Jesús me recomienda, debo reconocer que el actuar del actual gobierno ha sido nefasto para nosotros los colombianos. Hay quienes, en su fanatismo, ceguera y resentimiento, sostienen la gran inteligencia de la cabeza del gobierno y lo disculpan “porque no lo han dejado gobernar”. No comparto esa opinión, ya que ha hecho él, su esposa y sus seguidores lo que les ha venido en gana, despreciando la institucionalidad del país y, lo más grave, a los pobres del país a los que supuestamente defienden.
Lamentablemente no veo en su candidato nada distinto a seguir por el mismo camino. Pero tú, mi querida Esperanza, podrías señalarme sus virtudes y la probabilidad de su ejercicio producto de su actuar pasado. Luego la prudencia aplicada a este caso y la sencillez me indican la necesidad de entablar conversatorios cordiales para lograr una mayor luz.
Aunque sí debo denunciar el asalto a la democracia con la compra masiva de votos. Primero, durante estos cuatro años con subsidios a poblaciones no necesitada de ellos, pero obligando su voto. En la votación de hace pocos días, bandas criminales, narco tráfico y narco guerrilla forzando los votos por el candidato del gobierno.
El último tema que quisiera compartirte es el de la promesa de “la paz total” de parte del gobierno presente. Algo fundamental para el país, especialmente viniendo de quien militara en el movimiento M-19, que en 1990 firmó su desmovilización y cumplió con ella.
En estos días halle el libro titulado “El Fracaso de la paz total” de uno de los más estudiosos y serios politólogos del país: Eduardo Pizarro Leongómez (Penguin Random House Grupo Editorial, 2026).
Excelente porque no sólo se refiere a las razones del fracaso del actual gobierno en su intento por la paz total, sino que hace un análisis muy juicioso y bien documentado de los distintos términos empleados para describir la realidad de nuestra guerra prolongada. Términos como insurgentes, grupos fuera de la ley, actores armados no estatales (AANE), frentes armados con vocación política que pretenden un nuevo orden social, la tenue distinción de estos con bandas criminales y señores de la guerra y otros, dejan en claro la profunda complejidad del problema.
Lo importante es que el nuevo gobierno, el que sea, no parta desde cero desconociendo lo sucedido desde la revolución cubana a partir de la cual se inicia el largo camino recorrido por grupos alzados en armas y gobiernos procurando la paz.
Un abrazo,
Gustavo.
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