¿Qué nos está pasando?
La vida humana se encuentra hoy en el centro de debates que atraviesan la cultura, la sociedad y las decisiones personales. Las cifras sobre el aborto muestran la dimensión de una realidad que merece algo más que una mirada estadística. Detrás de cada cifra hay preguntas sobre la dignidad, la libertad y el valor de la vida. Para acercarnos a ellas, conviene examinar algunos de los argumentos que se presentan en esta discusión.
¿Qué nos pasa? O mejor, ¿qué nos viene pasando? ¿qué nos puede pasar?
El encabezamiento de una revista lee “Cincuenta años después de la ley Veil, Francia aborta más que nunca desde 1990 … con las tasas actuales, más de seis de cada diez francesas abortarán a lo largo de su vida. Es el cálculo del propio servicio estadístico francés, que contabiliza 259.416 abortos en 2025 mientras la natalidad sigue cayendo.1
Es el encabezamiento válido para cualquier país del mundo hoy. Variarán las estadísticas con mayor, igual o menor número de mujeres por cada diez. Durante el quinquenio 2015-2019 se estima hubo 73,3 millones de abortos inducidos anuales en el mundo.
En ese contexto, el aborto es una simple estadística. Y el común de personas dirá: “¿y qué más da? Si una mujer quiere aborta, ella es dueña de su cuerpo y puede decidir lo que quiera con él…”.
Ya los eufemismos se han dejado a un lado y un grupo de escoltas de abortorios, fundado en 2022, cuando el Tribunal Supremo de los EE. UU. anuló la sentencia Roe and Wade declara proteger y ampliar el aborto por todos los medios necesarios. En un mensaje reciente solicita contribuciones para sus acciones pues: “sólo necesitamos que matéis a los bebés”2
Dados estos hechos vale preguntarse ¿Cómo algo que fue delito hasta hace unos decenios en casi todos los países del mundo hoy ya no solo no lo es, sino que se promueve por todos los medios posibles? ¿Cómo llegamos a asesinar impunemente a nuestros hijos?3
Sabemos que nuestros antepasados indígenas hacían sacrificios humanos, aztecas, muiscas, incas. Todos ellos suponían apaciguar sus dioses sacrificando a personas, niños y adultos. Creían así mantener cierto equilibrio en su universo.
Pero que 500 años después hayamos retornado a esas prácticas es un contrasentido. En la cultura secular actual no caben argumentos religiosos, aunque es posible una interpretación religiosa que ofreceremos más adelante.
¿Somos dueños de nuestros cuerpos?
Uno de los principales argumentos para legalizar el aborto se refiere a la propiedad que sobre su cuerpo tiene la mujer. Para explorar algunas respuestas a los interrogantes expuestos lo primero es preguntarnos si la idea de ser dueños de nuestros cuerpos ¿es verdad?
ChatBot Go ante la pregunta de “la idea de que supuestamente somos dueños de nuestros cuerpos dónde y cuándo se origina” responde:
La persona ser dueña de sí misma o auto propiedad es una idea que se consolida en el siglo XVII y se le atribuye a John Locke. En su Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil establece que “Cada hombre tiene una propiedad en su propia persona. A esto nadie tiene derecho alguno sino él mismo.” Locke le suma luego el ser dueño de su trabajo y si se sucede en la naturaleza el resultado es “tu propiedad”.
Esta idea se oponía al absolutismo que establecía que los súbditos pertenecían al monarca. Un antecedente medieval es el derecho canónico que defiende los derechos naturales de la persona sobre su vida y cuerpo, otorgados por Dios, que un soberano podía violar.
En el siglo XX la filosofía libertaria retoma la idea de la auto propiedad como fundamento de todos los derechos humanos y que cualquier impuesto o regulación estatal sobre el cuerpo es una violación de ese derecho propiedad original. Hasta aquí ChatBot Go.
Todas las constituciones protegen la vida humana de las personas. El argumento subrepticio para legalizar el aborto es no concederle índole personal al neonato. Eso se observa en los diferentes tiempos autorizados para ejercerlo suponiendo que antes de las “x” semanas el embrión no es tanto persona cuanto un cúmulo de células. Y que a partir de la semana “x” es ya persona. Claro que para el grupo de escoltas de abortorios ya mencionado lo de las “x” semanas los tiene sin cuidado.
Locke no anticipó que fundamentar la propiedad privada de la tierra y luego la de otros medios, a partir de la autopropiedad y del trabajo, derivaría en una causal para el aborto. Pero este es destino imprevisible del derecho positivo, amparar comportamientos convenientes con las tendencias políticas del momento.
Si hacemos la discusión legal a un lado y nos preguntamos por las realidades vividas si somos dueños de nuestro cuerpo?
Si alguna vez no hemos estado enfermos de gravedad, preguntémosle a una persona que si lo haya estado o lo esté; y en particular, con un mal incurable. Preguntémosle a un adicto si se siente dueño de su cuerpo.
Todas estas personas han perdido la autonomía sobre el comportamiento de su cuerpo. Si una de las condiciones de toda propiedad y más aún de la autopropiedad es la del derecho a disponer (donde los otros dos derechos son el del uso y el del disfrute), entonces perder la autonomía es lo mismo que no poder disponer del cuerpo —y menos del uso y del disfrute—.
Ahora bien, como las enfermedades lo único que requieren es un cuerpo sano, toda persona es vulnerable a ellas.
Somos dueños de nuestro cuerpo, en el sentido de cuidarlo. El hallarnos en buen estado físico y saludables claro que contribuye a nuestra autonomía corporal. Somos ‘dueños’ de nuestro cuerpo en la medida que nos alimentamos bien, procuramos ejercicio que nos mantenga saludables, no abusamos de sus limitaciones, no caemos en adicciones (trabajo, deportes, alcohol, fármacos). Propiedad que no erradica nuestra vulnerabilidad, es por lo tanto relativa pues se halla sometida al tema mencionado de las enfermedades.
Conocer el valor del trabajo humano y el valor de la familia.
Desde la pandemia debí retirarme a una finca donde en un quinquenio he aprendido más del país que en todos los quinquenios anteriores de vida académica en varias universidades, trabajos en el Estado y en empresa privada. He aprendido de las personas del campo, de los veranos, de los inviernos, de la flora y de la fauna.
Hemos establecido una pequeña lechería. Esta nos ha enseñado el trabajo que conlleva el que alguien en la ciudad pueda tomarse un vaso de leche. El día que el consumidor se halle consciente de ello, seguramente nos hallaremos en otra época histórica de nuestro país, donde no solo los precios determinan el valor, sino el conocimiento del trabajo que requieren la producción, distribución y comercialización de los alimentos.
Menciono esto porque al ser padre de familia y abuelo, aunque hoy viudo, conozco lo exigente que es formar una familia, traer hijos al mundo, educarlos y formarlos para que sean personas de bien y buenos ciudadanos. Pero también conozco las satisfacciones que ya en el otoño de la vida, es contar con ellos.
La cultura contemporánea no solo desvaloriza la familia, sino la maternidad y la paternidad. Existen toda suerte de argumentos económicos, sociológicos, psicológicos y prácticas para evitar los hijos, donde el aborto ya se considera como una simple práctica anticonceptiva. Entonces, si hago el símil de la ignorancia del trabajo presente en un vaso de leche con la ignorancia de las satisfacciones y compensaciones de la paternidad y maternidad unidos por el amor de pareja –querer el bien del otro—, me explico que quienes simplemente tuvieron sexo, sin pensar en sus posibles consecuencias, se angustien y deseen eliminar parte de dichas consecuencias.
¿Por qué «parte»? Porque matar el embrión humano, parte de las consecuencias, quedará siempre como un asesinato en la consciencia de la madre y del padre. Harán lo posible por acallar dicha consciencia, sin embargo, en este asunto sí que no es fácil de acallar.
El embarazo de la madre y la vaca “cargada”
El lector puede opinar que se trata de una comparación indebida: un ser humano y un animal. Pues ni tan indebida como podrá apreciar las diferencias y semejanzas entre ambos seres.
La experiencia antes mencionada me permite observar el nacimiento de los terneros y los cuidados de la vaca-madre para con su cría. Para el ganadero un aborto es una pérdida grande no solo económica, sino operativa pues se interrumpen los ciclos productivos, y para quienes desarrollan algún afecto con sus animales pues lo invade una gran tristeza –semejante al que pierde su mascota--.
Contemplar ese espectáculo y el del nacimiento de un hijo, que también ha sido mi caso, me lleva a la pregunta de ¿Cómo es posible que una futura madre aborte? Respondo que en principio ignora por completo en lo que se halla, excepto el hecho de hallarse en medio de una cultura anticonceptiva.
«Hay que evitar como sea el embarazo y, si se da hay que eliminarlo[…] un hijo es mucho trabajo y para el resto de la vida […] es muy costoso […] además, qué le espera con este mundo que camina al desastre…»
Esta es la idea que penetra la mente de la mujer y del hombre responsables del embarazo.
Si a la mujer embarazada se le ocurre preguntar si en verdad el embrión es un ser humano o no los algoritmos del celular la llevarán a la respuesta que ella quiera: “es simplemente un conglomerado de células”, secundado por los servicios de salud y clínicas cuyo eufemismo de “profamilia” ocultan la verdad que la ciencia viene descubriendo.
La ‘genética del desarrollo’ puede hoy afirmar que en el momento de la fecundación, el cigoto –la unión del óvulo con el esperma—conforman la primera realidad biológica de una vida humana. Es el desarrollo coordinado, continuo y gradual de las células el que configuran un organismo completo. No hay nada del proceso que demuestre un momento de una transición de un ‘conglomerado de células’ a un ser humano. Es en el instante de unión del óvulo con el esperma que se da toda la información necesaria para el desarrollo de esa realidad biológica y humana.
Las legislaciones de los diversos países establecen diferentes tiempos del embarazo para considerar cuándo esa realidad, para ellas, solo biológica puede denominarse ‘persona humana’. Esta ya es una señal de la enajenación moral de dichas legislaciones, y de quienes creen que toda legislación es ética.
¿Valor de la vida humana?
A diario conocemos las cifras de los soldados muertos en combate, rusos, ucranianos, iraníes, africanos, norteamericanos algo a lo que nos hemos acostumbrado. Tengamos en cuenta que se trata de jóvenes o adultos que contaron con alguna libertad de ser o no reclutados. Pero embriones humanos no tienen libertad alguna.4
Así las legislaciones no lo consideren delito, el aborto para la cosmovisión cristiana es un crimen.
¿Pero cómo se llegó a esta situación cuando hasta principios del siglo pasado las sociedades no solo lo consideraban inaceptable, sino incluso un delito?
Parte de la respuesta podemos encontrarla en el Documento más profético del siglo XX: la encíclica Humanae vitae del Papa San Pablo VI (25 de julio 1968). ¿Por qué es profético? Lo responderemos luego de ofrecer algunos datos de la historia de la Iglesia que demuestran la coherencia de su doctrina ¿Por qué abortar es un crimen, un pecado mortal, y por qué la persona incurre en excomunión? Con todo y ello la Iglesia procura, por todos los medios a su alcance, acoger a la persona, orar a Dios que le tenga misericordia y apoyarla espiritualmente.
Notas
- InfoCatólica. 12/10/26. https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=56152 ↩
- InfoCatólica. 19/10/26. https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=56198 ↩
- El Santo Obispo Fulton Sheen de EE. UU. recientemente canonizado indicaba que para hablar o escribir debían cumplirse al menos dos de las tres recomendaciones: ¿es verdad? ¿es necesario? ¿es amable? El tema que trato puede cumplir las dos primeras, pero la tercera no encuentro cómo hacerlo amablemente. ↩
- En el momento que escribo esto en Rusia debieron cerrar parcialmente algunas fronteras pues ya hay jóvenes que no quieren ser reclutados y están emigrando. ↩